Señor, haz que no goce.

La isla misma está consumida por la pasión del mar, rodeándola, tocándola a penas en sus bordes exteriores, hasta llegar a desquiciarse en forma de huracán, destrozándola para penetrarla, para metérsela dentro de sí mismo, llevándose por delante los humanos que la habitan.

Reseña


La isla de la pasión
Laura Restrepo
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2005
358 páginas









Asistía a los cursos de preparación matrimonial, para aprender que a la hora del encuentro marital, debía cerrar los ojos y rogar
«Señor, haz que no goce».




Siempre es un cliché hablar de pasión, aún más en las novelas escritas por mujeres, o eso pensaría un lector poco recorrido en este tipo de escritura. No es del todo su culpa, las mujeres no son promocionadas de la misma manera que los escritores hombres. La última vez que constaté esta afirmación fue hace una semana: en una librería famosa de la ciudad de Bogotá conté los libros expuestos, por cada veinte autores, uno era mujer.

La pasión que habita esta novela es multiforme, dista mucho de la típica novela romántica. Laura Restrepo escritora colombiana, es ante todo una novelista e investigadora de campo. Como suele ser su estilo, elabora novelas que emergen de esa zona entre lo real y lo imaginado, una simbiosis que no permite delimitar el final de la una y el comienzo de la otra. La realidad retratada con la belleza de su narrativa, invita a sumergirnos en hechos históricos, políticos y sociales desde la comodidad de lo que consideramos ficción, le concebimos como parte de la fantasía, a pesar de su advertencia al inicio del libro: 
Los hechos históricos, lugares, nombres, fechas, documentos, testimonios, personajes, personas vivas y muertas que aparecen en este relato son reales. Los detalles menores también lo son, a veces.

Es así como nos sumerge en un limbo entre la realidad y lo ficcional, habiendo usado como base el uso de entrevistas a los descendientes de los protagonistas, complementando con la investigación de bibliografía histórica, le adiciona su estilo narrativo para constituir una trama que puede ser disfrutada desde diferentes enfoques.

La novela se contextualiza en México al inicio del siglo veinte, la historia de amor entre Arnaud y Alicia, es la excusa, pero va mucho más allá. El recién nombrado gobernador Arnaud sale en compañía de su esposa y once soldados, a ejercer su cargo en la Isla de Clipperton. Lo que en un comienzo fue un golpe de suerte para esta familia, se trastoca cuando al llegar a la isla se dan cuenta que no es más que un atolón perdido en medio del mar y para colmo, estalla una guerra civil que los deja aislados del resto del mundo.

Con la familia Arnaud y los soldados, viajan también las soldaderas
Eran las perras de la guerra. Mitad heroínas y mitad putas, marchaban detrás de la tropa siguiendo a sus juanes. Ellos a caballo, ellas  a pie. 
Las eternas acompañantes de soldados, participan de la guerra más allá de la condición de mujeres víctimas en la que suele retratárseles siempre.

Me detengo un poco para enfatizar en ellas como elemento principal y de interés en la obra, un reconocimiento a esas mujeres que fueron imprescindibles en el contexto de la guerra mexicana 
Sus oficios eran múltiples e indispensables. Sin ellas los soldados se hubieran muerto de hambre, de mugre, de soledad. Siempre alborotando, siempre gritando, cargaban en las cabezas la ánforas de agua, las maletas y los tasajos de carne. 

Y me recuerdan, a Gertrudis de Como agua para chocolate, a las skjaldmös de la literatura nórdica y la Rosario de Jorge Franco; las mujeres siempre hemos hecho parte de la guerra, y no siempre como víctimas indefensas.

Su estadía en la isla les quitaría su rango de soldaderas, pero las convertiría en otro tipo de mujeres, tal vez más dueñas de sí mismas, ya no como acompañantes en la guerra de los hombres, sino como combatientes de su propia batalla contra la isla, apasionadas por su propia sobrevivencia y la de sus hijos.

Los personajes son todos abrazados por la pasión de la isla, una que quizás ya tenían dentro, pero es allí donde se intensifica, donde cobra la real dimensión de su naturaleza. La isla les abraza de distintas maneras, en el matrimonio Arnaud se manifiesta en las discusiones conyugales 
Así quedaba roto el equilibrio perfecto anterior a la discusión, hecho pedazos y regado por el piso su amor eterno, destruidas sus vidas y llevadas por la desventura. Alicia corría a su dormitorio a ahogarse en llanto y Ramón se encerraba en su oficina. Cuando se cansaban de rumiar el despecho y de azotarse con los celos, cuando el odio bajaba como la espuma de una leche hervida que se retira del fuego, buscaban alguna disculpa de encontrarse de nuevo (101)

Abraza con igual arremetida a los hombres, como a Ramón, en quien se manifiesta de forma  patriótica, le arrebata de tal manera que enceguece su juicio ante el abandono por parte de su patria. A Fernando Magallanes, quien fue el primero en nombrarla así 
por los muchos sufrimientos y enfermedades que padeció su tripulación cuando le pasó cerca(281)
 incluso fortifica la villanía de Victorino Álvarez, la personificación del mal humano en la isla.

La isla misma está consumida por la pasión del mar, rodeándola, tocándola a penas en sus bordes exteriores, hasta llegar a desquiciarse en forma de huracán, destrozándola para penetrarla, para metérsela dentro de sí mismo, llevándose por delante los humanos que la habitan. 

Arrojémonos pues a las hojas de esta novela, tal vez a nosotros también nos arrebate la pasión mecida entre sus arenas y el mar.  

.....Reseña publicada originalmente en Periódico de Libros



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